Es una enfermedad de alta frecuencia en las personas mayores, al menos el 10% la padecen.

Es un error achacar a la vejez los síntomas de la depresión, es decir, tristeza, desesperanza, falta de estímulo, insomnio, falta de apetito, no querer estar con personas o familiares. Si aparece cualquiera de estos síntomas, hay que pensar que no es por la edad y que puede ser por una depresión.
El tratamiento.
Junto con la toma de la medicación es necesario, a la vez, corregir las causas que han motivado la situación que le ha llevado a la depresión. El apoyo de la familia y amigos es fundamental.
El trato con la persona mayor deprimida debe basarse en la paciencia y en la comprensión de una situación de alteración del ánimo, por lo general reactivo a alguna causa de enfermedad y que le han abocado a la dependencia de otra persona, con el consiguiente sentimiento de carga, que, junto con la soledad y el aislamiento, le llevan a preguntarse sobre el sentido de su vida.
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