Las personas mayores dependientes tienen en común su necesidad de otras personas para responder a las demandas de la vida cotidiana. Estas personas ven disminuida, en mayor o menor grado, su autonomía personal, esto es, su capacidad para realizar de forma independiente las actividades de la vida diaria. Las personas mayores dependientes se diferencian entre sí en función del grado de dependencia que presentan. Algunas necesitan ayudas mínimas, como, por ejemplo, que les acompañen en algunos desplazamientos, mientras que otras requieren una atención amplia y constante, como es el caso de las que necesitan asistencia en su higiene personal o a las que es necesario darles de comer.
Es una enfermedad degenerativa consistente en la muerte de las neuronas dopaminérgicas, productoras de la dopamina, necesaria para una adecuada coordinación de los movimientos. La causa de la enfermedad continúa siendo desconocida, aunque se cree que existe cierto patrón hereditario familiar. La padece un 1% de las personas mayores de 60 años.
Las principales ayudas que en la actualidad pueden ser dispensadas por los centros sociales (ayuntamiento y servicios sociales de la correspondiente comunidad autónoma) son:
En ellos se encuentran los médicos de familia, junto con las enfermeras y la trabajadora social. Cada paciente tiene derecho a la atención por dichos profesionales ante cualquier problema de salud. Por ello cada persona mayor dependiente tiene asignado un médico de familia y una enfermera que deben atender su situación sanitaria. Si el paciente no puede ir a la consulta por problemas de movilidad, el médico de atención primaria, al igual que la enfermera, debe ir a visitarle al domicilio.
Un síntoma muy acuciante de la enfermedad de Alzheimer se produce cuando los olvidos normales de la edad se hacen más frecuentes. Al mismo tiempo, o en un periodo de tiempo muy breve, los olvidos aparecen en las actividades cotidianas de la casa: no apaga el fuego, no se viste bien (se pone los pantalones o la falda por la cabeza)... A medida que avanza la enfermedad ya confunde a los familiares, hay dificultades para bañarse o comer y aparece falta de control de la orina y las heces, e incluso agitación y agresividad.
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