Frente a una situación de dependencia, se recomienda, ante todo, analizar con la mayor celeridad el estado de la persona. ¿La limitación física es definitiva o temporal?, ¿existe posibilidad de que mejore?, ¿hay riesgo de que se agrave? Cuanto antes se detecta la dependencia, antes se puede atacar y cuanto más tiempo pasa, menos posibilidades existen de recuperación.

Así, ante caídas de repetición y el miedo para andar que producen, si no se rehabilita a la persona mayor de forma precoz y se elimina el temor a la caída y la falta de seguridad, quedará postrada en una silla y su paso será cada vez más difícil e inestable. Por tanto, dejará de andar.
La primera acción a llevar a cabo es acudir al médico de atención primaria quien, sin duda, remitirá al paciente al especialista en Geriatría. Éste, tras haber evaluado el grado de dependencia, podrá guiar al enfermo y a su familia en la búsqueda de la mejor solución, tanto si el problema es reversible como irreversible.
No obstante, es necesario conocer las señales que alertan este proceso. La principal medición consiste en comparar cómo era la persona mayor antes y cómo se encuentra ahora. Un listado útil para detectar los cambios y poder prevenir la dependencia sería el siguiente:
Si aparece alguna de estas señales de alarma, acuda a su médico de atención primaria o su médico especialista en geriatría, ya que están mostrando alteraciones que pueden ser corregibles antes de que aparezca la dependencia o bien esta vaya a más.
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